23 de abril de 2008

San Adalberto, obispo y mártir

Día 23 de Abril

Nacido en Bohemia (Libice), hacia el año 956, comenzó los estudios en Magdeburgo, y allí recibió en la Confirmación el nombre de Adalberto. Vuelto a su patria, fue ordenado sacerdote y en el año 983 fue promovido para ser el segundo obispo de Praga, donde trabajó arduamente para extirpar las costumbres paganas. Como se considerase poco preparado, marchó a Roma y se hizo monje. Finalmente marchó a Prusia para ganar almas para Cristo; pero habiendo sido mal recibido, fue coronado on el martirio el 23 de abril del año 997.

(Acta Sanctorum, Aprilis, III, pp. 186-187), de la vida del Santo escrita por un autor contemporáneo


El jefe del poblado por la tarde se llevó a su mansión a Adalberto, el héroe por la causa de Dios. De todas partes se reunió la multitud ociosa con gritos de indignación y muestras de hostilidad, a la expectativa de lo que el jefe iba a hacer con él. El santo, por su parte, a las preguntas de quién era, de dónde venía y por qué estaba allí, con voz afable, respondió:

-»Nací en Bohemia y me llamo Adalberto, soy monje y hace tiempo fui consagrado obispo; ahora, mi tarea es ser apóstol vuestro. El motivo de mi viaje es vuestra salvación, que os apartéis de esos ídolos sordos y mudos y reconozcáis a vuestro Creador, el único Dios, fuera del cual no hay otro; que creáis en Él para tener la vida y para que podáis recibir en premio el gozo celestial en las moradas eternas.»

Así habló san Adalberto, pero ellos, ya de antemano enfurecidos, proferían a gritos palabras injuriosas contra él y le amenazaban de muerte. Al fin los paganos furiosos se abalanzaron sobre Adalberto y sus compañeros con violencia y los apresaron a todos. San Adalberto, que estaba en pie frente a Gaudencio y otro hermano, les dijo:

-»No os pongáis tristes. Sabéis bien que sufrimos esto por el nombre del Señor; su poderío está por encima de todo poder, su atractivo es superior a toda hermosura, su fuerza es indescriptible, su amor de Padre no tiene par. ¿Habrá, pues, actitud más valiente y más digna que entregar esta vida tan querida por el querido Jesús?»

En esto, un tal Siggo, lleno de pasión, salió de entre la turba enfurecida y lanzó con todas sus fuerzas un gran dardo con el que atravesó a Adalberto las entrañas. Después todos se lanzan sobre él y añadiendo heridas a heridas, sacian su furor. Le brota sangre de las heridas que tiene por todas partes. Él ora en pie con ojos y manos levantados hacia el cielo. Le quitan los dardos y quedan abiertas siete grandes heridas; la sangre mana abundante como un río de púrpura. El mártir, desatado ya, extiende las manos formando la cruz y ruega con humilde insistencia al Señor por su salvación y la de sus perseguidores.

Así es cómo escapó de esta cárcel un alma elegida, así como quedó su cuerpo, digno de todo honor, tendido sobre la tierra formando una cruz. Así es como, después de entregar generosamente su sangre y con ella la vida, ya en placentero hogar, goza por fin para siempre de Cristo a quien tanto amó.

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R/. Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas. Porque os habíais ganado nuestro amor. Aleluya.

V/. Hijos míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta que Cristo tome forma en vosotros.

R/. Porque os habíais ganado nuestro amor. Aleluya.

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